MIS VENTANAS

Veo ventanas, si porque mi vida ha pasado por esas ventanas,
Primero las ventanas de la casa paterna, que daban a un patio grande con jardín. Recuerdo el  rosal blanco, también un rosal amarillo y un rosal con pequeñas florecitas rojas que subía como si fuera una enredadera junto a la madreselva.

Las ventanas que daban a la calle eran sombrias, la calle era angosta y no se veía pasar mucha gente y tampoco carros, debe ser por que en aquel tiempo no habia muchos. Tampoco pasaban muchos niños  a la escuela, ni iban mujeres a las tiendas. Era una calle a la orilla del pueblo.

La ventana de la panadería cercana a la casa a solo media cuadra tenía muchas ventanas. La parte de arriba de la panadería  había sido la casa habitación del panadero y su primera mujer. Recuerdo que yo miraba a la señora parada en la ventana mirando la calle o tal vez mirando que yo la observaba. Entonces yo se lo hacía notar a mi madre quién respondía: “ camina rápido, no mires.” Porque a ella le ponía nerviosa esa visión. La gente hablaba de su muerte y de cómo sufró el panadero y de lo pequeña que era su hija cuando ella murió.

Las ventanas que daban a un costado de la casa, nos ofrecian una vista al patio del primo de mi mamá. Allí, yo veía jugar a la hija menor de mi tio, quien alguna vez me invitaba a jugar con ella y me disfrazaba de princesa o de pordiosera, según  pienso yo ahora dependiendo del estado de ánimo de  mi prima. A sus papás les gustaba también disfrazarse, pero ellos decian que eran obras de teatro.

Enfrente de la casa yo podía mirar las tapias  de un granero abandonado, donde años después falleció quemado el hijo “natural” del primo de mi mamá.  Creo que eso de “ natural”  era porque naturalmente era su hijo, si había heredado tus facciones, su conflexión, su modo de andar.

Las ventanas en la casa de mis abuelos eran soleadas y daban a un patio jardín desde donde se alcanzaba a ver un enorme corral con animales: caballos, vacas, gallinas y algunas veces también criaban coconos y chivos.A mi abuelita no le hacía mucha gracia tener que darles agua a tantos animales, pues se tenía que sacar de una noria. A mi también me encantaba el agua de la noria era muy fresca y sin sabor a cloro como la que ahora tomamos. La puerta ventana que daba al pequeño jardín tenía un árbol grande de ciruelos amarillos,, un manzano que daba  hermosas y jugosas manzanas rojas. También había rosales: Uno blanco que era el preferido de mi abuelita, y otros rosales rojos y amarillos.

Fue una lástima que mi abuelo no construyera ventanas hacia el patio en las otras habitaciones porque habría podido ve la noria y enseguida los otros árboles de manzana.;donde años después mi abuelo colgaría una hermosa hamaca de colores que había traido de El Salvadon un tií político. Aunque muy político no fue cuando mandó golpeada a mi tia años después. En principio eso fue un acontecimiento muy negativo pero después del divorcio se convirtió en algo favorable pues mi tía pudo alejar de su influencia a mis primos quienes luego se convertirían en profesionistas responsables y sin vicios como fue el caso del papá.

Si hubiera construido una ventana en la habitación al final de la casa, habría podido ver como nevaba, y como las golondrinas hacían sus nidos en los aleros del granero cuando empezaba  la primavera y en el otoño cuando se levantaba la cosecha nacian los polluelos y luego se alejaban en invierno.

En otoño se veia el jardín lleno de hojas de los árboles y de los rosales  y entonces mi abuelita  nos enviaba a barrerlo. La madreselva que tanto atraía a los “chupamirtos” en primavera se secaba y solo quedaban unas varas sin gracia. A mi también me gustaba chupar los pistilos de la flor de la madreselva, es dulce y así entendí porque les gusta tanto a los colibríes.

Ese rincón del patio tenía un pequeño huerto con verduras: zanahorias, rábanos, repollo, elotes, yerbabuena, cilantro, ejotes por lo que en la casa comíamos verduras frescas. Que acompañaban el caldo de gallina que ese mismo día mataba y pelaba mi abuelita.

Las ventanas que daban a la calle estaban adornadas por macetas con violetas y begonias de colores: Las violetas iban en una gama de colores violeta  hasta el morado obscuro. Y las begonias eran rojas, rosas blancas y un color lila- azulado. Ella decía, mi abuelita  que estaban muy bonitas por el abono que le ponía, simplemente: estiércol. El  patio trasero con tanto animal, vacas, caballos, etc era una fábrica de estiércol, nada agradable en verano, lleno de moscas. El rincón tenia el excusado o retrete y enseguida el gallinero lleno de gallinas. Mi abuelita combatía a los corucos” [ pequeños parásitos de estos animales ]; pintando las tablas del gallinero con cal. lo mismo el excusado lo limpiaban .[ si como no>> solo lo tapaban y hacian otro ollo.], También  había un trochil para los marranos que  en cierto tiempo mataba mi abuelo pues se necesitaba la manteca para guisar los alimentos.

Creo que ahora que rememoro esos recuerdos entiendo lo de cancelar las ventanas al patio trasero. Pues además de haber sido desagradable ver el trochil, el gallinero y ver pasar a la familia ir al retrete, no había más que ver. Salvo que hubiera hecho lo que yo. subir a la barda y fisgonear a los vecinos y reirme de lo ridículo que se veía el vecino con su gorro de lana tejido de franjas de colores, seguramente hecho con los saldos de los trabajos de la señora. También disfrute  de las manzanas del vecino que sabían diferente a las de la casa. Las vecinas varias veces me regañaban, pero no tan duramente como mi abuelita, quien tomaba una vara larga para que me bajara de los árboles, donde me refugiaba a comer manzanas verdes y leer.

Enfrente de la casa las ventanas daban a la escuela primaria. La primera escuela fundada en 1904. Una escuela grande de dos pisos, hecha con madera y con muchas ventanas. Tipo Américano .Era una escuela de madera y adobe, con un enorme salón de actos enmedio de la escuela en el primer piso. Alli  se reunian los padres de familia en las juntas escolares y servía para las reuniones sociales el dia del maestro o el dia de las madres. Alrededor y arriba habia aulas, creo que eran pocas para la cantidad de niños que éramos, pues en cada aula había entre 50 y 60 niños. Después del recreo las maestras abrían las ventanas para que se limpiara el aire. En  los salones del segundo piso se encontraba el aula para el quinto y sexto grado; además de la dirección y la subdirección y un pequeño salón para los maestros.

La parte  de abajo de los escalones servía para guardar las escobas con las que se limpiaba la escuela, a cada grupo nos llevaban una escoba poco antes de terminar las clases para que hiciéramos el aseo. algunas veces un grupo de niñas; por lo general a los niños no los dejaban barriendo los salones.  Al final nos poniamos a jugar y contábamos historias de fantasmas y de que en aquella escuela se escuchaba el llanto de un niño. Nos acostabamos en las largas bancas y nos quedábamos serias, entonces al primer ruido que escuchábamos, ya fuera porque algún maestro o el conserje llegaba a supervisarnos, nos provocaba sobresalto y salíamos por una ventana al esterior de la escuela. En cuanto estábamos fuera todo volvía a la normalidad y soltábamos las risas.

Las ventanas del salón de actos eran alargadas y tenían vidrios pequeños y varios estaban quebrados. Cuando nos castigaban nosotros solíamoss escapar por  un vidrio al patio. Pues las ventanas  daban al patio, donde los niños jugaban a los encantados, a las rondas o brincaban al lazo y los niños jugaban  a las canicas o competían a las carreras. En verano los chicos subian a los árboles y contruian columpios con las ramas de los sauces.

El jardín de la escuela  era una tentación desde la ventana de la casa de mis abuelos. Invitaba a correr por el pasillo sombreado por los árboles. En verano crecía la yerba muy alta y podía esconderme y atrapar chapulines, que luego soltaba en la sala de la casa para coraje de mis tias y mi abuelita.Después construyeron una cancha de baloncesto  deporte que me encantó practicar, También podíamos jugar Volley Ball o andar en bicicleta cuando llovía y no se podía correr por el patio anegado.
La escuela tenía  ventanas  en los cuatro costados y uno de ellos daba a una calle  donde había una tienda donde íbamos a comprar alguna vez dulces. Digo alguna vez porque no nos daban dinero todos los días  y porque había una tienda escolar donde nos vendían dulces más baratos y las ganancias eran para arreglar la escuela  y comprar artículos de limpieza.

Las ventanas  de la escuela secundariaa no me gustaban, no había patio ni jardines. Eran grandes y sombrías, El salón de actos era oscuro y olía a humedad. Las ventanas que daban a la calle tenían poco que ofrecer a no ser cuando nevaba que la calle se convertía en una cancha para patinar despues de que pasaban los primeros carros. Entonces todos saliamos a patinar en las rodadas de los autos. También tenía unas ventanas que permitían ver la grande y hermosa escuela  primaria que irradiaba energía y alegría.

Las ventanas en la casa de mi tía abuela eran largas y profundas. Uno se podía sentar a mirar pasar a la gente. En la calle por todo el costado de la casa había alamos plateados que eran el orgullo de mi tía y que a mi me producían temor por la cantidad de nidos de gusanos que se les acumulaban y que mi tía  les pedía a sus hijos que bajaran. Desde entonces y a raíz de que el hijo favorito de mi tía me aventaba aquellos nidos de gusanos  yo les agarre una fobía a los gusanos.

Las ventanas de la recamara de  los primos también eran alargadas y se veía un patio con grandes árboles y el pequeño jardín, con rosales, crespón,la noria y bajo la sombra de  los rosales mi tia cultivaba esparragos blancos que eran una delicia para el paladar. En época de lluvia nos quedámoss adentro de la casa y podíamos ver llover y leer las revistas que guardaba mi tía y que me encantaban. Afuera tenía un perro grande, negro que se llamaba “diamante” y mi tía consentía. Pero cuando mi tía se encontraba de malas le aventaba la comida al perro y este  solo agachaba la cabeza y no comía. Era hasta que  iba mi tía y lo acariciaba cuando el perro empezaba a comer.

Las ventanas  de las casas dicen mucho de  las personas que las habitan. Algunas  ventanas son pequeñas y la gente que mira a través de ellas son personas tímidas. Otras son grandes así como las personas generosas. Otras ventanas están protegidas por barrotes y las gentes  que miran por ellas  no son libres son espíritus cautivos de sus miedos.

Las ventanas de mis recuerdos vienen  acompañadas de nombres y apellidos de personas que hicieron historia en la región donde nací y me crié.

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